Bombas de morfina. Técnicas para dolor (dolor por cáncer)

El dolor neoplásico constituye un problema mundial de enorme importancia sanitaria y social. De hecho, se trata del síntoma más frecuente en cualquier tipo de afección neoplásica.

El dolor representa la alarma de una función alterada, de un daño o de un mal funcionamiento del organismo. Cuando el dolor ha agotado su función inicial y persiste, como ocurre en el dolor oncológico, resulta ya inútil, lesivo y constituye una fuente de sufrimiento. Por lo tanto, es necesario suprimirlo con todas las armas y las energías disponibles.

En estos momentos, cerca de 14 millones de personas en todo el mundo padecen cáncer. Las formas curables son pocas. Globalmente, un 1,8% de todas la causas de muerte dependen del cáncer. Sin embargo, el porcentaje de muertes debidas a tumores en los países desarrollados es más elevado; se estima que en Europa llega aproximadamente a un 23%. Cada año se diagnostican 6 millones de casos nuevos de cáncer, de ellos 4.3 millones por este motivo. El riesgo de sufrir una afección tumoral aumenta de manera constante en la mayor parte de los países, ya sea debido al incremento de la duración media de la vida, o bien por el aumento de los factores de riesgo.

El dolor aparece en hasta un 50% de los pacientes en tratamiento antineoplásico y asciende hasta el 70% en los pacientes con cáncer avanzado, aunque puede presentarse también en la fase precoz. De hecho, se ha comunicado que el 15% de los pacientes con cáncer no metastásico padecen dolor. No todos los pacientes cancerosos sufren dolores; de hecho, este síntoma se registra en el 30 – 40% de todos los casos, con o sin un tratamiento apropiado.

Con frecuencia, el tratamiento del dolor oncológico es inadecuado o no se realiza debido a una serie de motivos, entre ellos:

  • Ignorancia sobre los agentes terapéuticos capaces de suprimir el dolor
  • Deformación cultural del médico, que considera que el síntoma dolor es inevitable,
  • Problemas legales que dificultan la utilización de los fármacos analgésicos opioides.

En el momento que un fármaco del escalón inicial o intermedio, empleado correctamente, no consigue combatir el dolor y pierde parte de su eficacia, es indispensable recurrir a un fármaco perteneciente a la clase siguiente de la sucesión de tres escalones de la OMS. En ningún caso se deberá omitir un escalón.

Escalera analgésica de la OMS

En los casos de difícil manejo que la escalera falla o el dolor es muy intenso recurrimos a los BLOQUEOS DE NERVIOS TRANSMISORES DEL DOLOR CON RADIOFRECUENCIA O MEDIANTE SUSTANCIAS LITICAS COMO FENOL O ALCOHOL EN OTROS CASOS CATÉTERES EPIDURALES O ESPINALES DE MORFINA CONECTADOS A BOMBAS IMPLANTABLES CONSTITUYEN LA RESPUESTA.

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